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17.5.08

25 AÑOS DE LA VICTORIA SOCIALISTA EN OVIEDO


El pasado 8 de mayo se cumplieron 25 años del triunfo del PSOE en las elecciones municipales de 1983 en Oviedo. Aquel día, 40.728 electores otorgaron su confianza a la lista encabezada por Antonio Masip, que batió al hasta entonces Alcalde, Luis Riera, que obtuvo 39.727 sufragios. Cuatro años después, los ovetenses renovaron su confianza en los socialistas, que en las elecciones municipales de 1987 obtuvieron 40.809 votos frente a los 31.022 de Alianza Popular, encabezada ya entonces por Gabino de Lorenzo.
Durante el periodo 1983-1991, el PSOE gobernó sin tener la mayoría absoluta en la Corporación, precisando el apoyo del PCA, primero, y después del CDS e IU, con todos los altibajos propios de esta colaboración, para llevar a término los diferentes proyectos e iniciativas planteadas. Además de las dificultades derivadas de esta situación, no menos complicadas eran en aquel entonces las circunstancias que atravesaban los ayuntamientos españoles, que hasta 1985 no tuvieron, mediante la Ley de Bases de Régimen Local, suficiente garantía de su protagonismo a todos los niveles como administración autónoma. El despertar del municipalismo en España –y a ello no fue ajeno nuestro Ayuntamiento- tuvo lugar mientras las demandas ciudadanas ante el poder local se intensificaban, estaba casi todo por hacer incluso en servicios públicos básicos, y apenas se contaba con recursos económicos y experiencia en la configuración y gestión de los ayuntamientos democráticos.
En este difícil contexto, la labor del gobierno municipal en aquellos años, con todos los peros que quieran ponerse, fue, en conjunto, meritoria. Se asentó la estructura y funcionamiento de la administración y la hacienda municipal. Se normalizaron servicios como el de recogida de basuras o el abastecimiento de aguas, hasta entonces origen de continuos quebraderos de cabeza para los vecinos. En materia cultural y educativa, cabe destacar la recuperación del Teatro Campoamor y la colaboración con la Universidad, especialmente estrecha en aquella época, como atestigua el Campus del Milán, cuyos terrenos obtuvo el Ayuntamiento. Se potenciaron los valores cívicos de respeto al medio ambiente, promoción de la actividad deportiva o de los derechos de los consumidores, fomento de la igualdad y apoyo a los jóvenes. Se popularizaron las fiestas locales, cuyo modelo –hoy algo deteriorado- sigue bebiendo del entonces implantado. Se pusieron en marcha importantes equipamientos para los ciudadanos, como el entonces pionero Centro Social de Ventanielles. Se abrió paso, aunque tímidamente (en buena parte por la polémica asociada), a las peatonalizaciones, y a un crecimiento urbano ordenado. Se impulsó el Parque de Invierno y se puso en marcha el Parque Purificación Tomás, en un proceso de recuperación de espacios en el entorno del Naranco, unido a la creación de la pista finlandesa, proceso que después quedó en buena parte truncado hasta nuestros días.
No sobre recordar los elementos más positivos –muchos- del mandato de Antonio Masip, porque algunos siguen empeñados en abonar la peligrosa tendencia del adanismo, esa que convierte a cada nuevo (o no tan nuevo) gobernante en inventor y padre de todo, menospreciendo por sistema a aquellos que le precedieron y a la gestión que desplegaron. Por eso, con sus luces y sombras, predominando las primeras, cabe recordar que el nuevo tiempo abierto en el Ayuntamiento de Oviedo a partir de 1983 tuvo en aquellas elecciones su comienzo, y que, pasados ya 25 años desde entonces, es conveniente y de justicia recordar a quienes protagonizaron aquellos años de cambio con su esfuerzo y vocación, empezando por el propio Antonio Masip.
Por otra parte, este aniversario –tan poco recordado pese a su indudable simbolismo- permite también subrayar que fue posible en Oviedo un gobierno del PSOE, que éste no fue flor de un día, y que las etiquetas que pretenden enclaustrar a nuestra ciudad como netamente conservadora y patrimonio político de la derecha no son verdades absolutas, como entonces se demostró. Es decir, no existe una atávica maldición que impida al PSOE acceder a responsabilidades de gobierno en Oviedo, de modo que, generando la confianza suficiente sobre la viabilidad, necesidad y oportunidad de la alternativa política, la ciudadanía podrá decidir sabiendo que, en democracia, ningún representante público, por prolongado que haya sido su mandato y marcada que esté su huella, tiene asegurada su continuidad.

Publicado en Oviedo Diario, 17 de mayo de 2008.

5.5.08

COMPROMISO CÍVICO


Tener noción de nuestra dimensión colectiva, de la importancia del progreso común y de las consecuencias de la inclusión en el conjunto social, y, sobre todo, actuar en consecuencia, posiblemente sea uno de los rasgos más nobles del ser humano, y a la vez un reto personal que pone a prueba nuestra generosidad y sentido de servicio. No se trata de sublimar la participación pública como si de un desempeño místico se tratase; ni de exigir cotas de entrega y renuncia que difícilmente pueden acomodarse a las complicaciones de la vida moderna; ni de ser tanto de una causa que se deje de ser de uno mismo. Claro que hay que ejemplos morales encomiables y dignos de ser tomados como referencia, pero nadie está en posición de exigir a los ciudadanos un hercúleo esfuerzo que les convierta en santos laicos de las luchas colectivas.
Ahora bien, sí conviene cultivar el afán de justicia, aprendiendo a interiorizar y metabolizar el dolor que provoca la desigualdad, para que, ante el sufrimiento ajeno provocado por la dominación o la necesidad, uno sepa sentirlo como propio y emprender la rebelión que comienza en la actitud personal y aflora en la respuesta colectiva. Dice Benedetti, parafraseando a nuestro Campoamor, que todo es según el dolor con que se mira, porque, en el fondo, es la empatía lo que nos lleva no a una alicorta compasión que se queda en el gesto sentimental, sino a la sincera fraternidad y al cuestionamiento de las causas de la injusticia que ya no es sólo padecida por el otro, porque alcanza a todo el conjunto. En ese proceso, como no, la indignación juega un justo papel, acompañada del sosegado análisis sobre las causas de la injusticia y la búsqueda de las mejores soluciones. En qué medida puede uno contribuir a cambiar las cosas y asumir los costes personales, es ya la reflexión estrictamente íntima en la que las circunstancias de cada uno pesan enormemente.
Estamos en tiempos propicios al individualismo y al sálvese quien pueda. Los valores del compromiso cívico no cotizan al alza y la cultura del recelo hacia la cosa pública ha calado; es cierto que algunas dinámicas de poder y el cansancio que provocan determinados discursos cien veces gritados en la plaza pública han contribuido a desprestigiar la actividad política. Pero, por mucho que nos pueda complacer el cómodo escepticismo, al final acabamos descubriendo que la mueca del desencantado –esta que alguna vez hemos esbozado- no deja de ser la de quien se ha encerrado en la convicción de que poco o nada se puede hacer de puertas afuera.
En esta encrucijada el camino de la militancia no es siempre el más fácil, pero a la postre es una de las formas posibles para incidir más eficazmente –que de eso se trata- en la realidad en la medida de nuestras capacidades y disposición. Quien ha tenido la suerte de tener oportunidades bien podría optar por los deleites estéticos o la altivez del lúcido, obviando el llamamiento del compromiso. Pero cuando los valores democráticos y la cohesión social necesitan una cotidiana reafirmación, no cabe sino participar y contribuir. Las miserias de la vida pública, que son muchas, no tienen porque apagar la pulsión ciudadana, pese a los embates. A la postre, la militancia y el activismo es una forma de servicio público, un compromiso con todos y, por ello, con uno mismo.

Publicado en Oviedo Diario, 3 de mayo de 2008.

ESTATUTO DE AUTONOMÍA: ALGO MÁS QUE CORTAR Y PEGAR


En estas últimas semanas por fin ha comenzado sus trabajos la ponencia que en la Junta General del Principado de Asturias (JGPA) se encargará de cocinar el texto del nuevo Estatuto de Autonomía. En el momento de redactar estas líneas aún no está claro si el planteamiento de los diputados que la integran será elaborar un nuevo Estatuto de principio a fin, o únicamente retocar el actual, aunque, por el ritmo, orientación y contenido del resto de reformas estatutarias, ya culminadas o en curso, parece que resultará inevitable una nueva redacción en su totalidad, o, como poco, una profunda revisión de la mayoría de preceptos del vigente.
Nos jugamos mucho en este viaje, y los diputados que forman la citada ponencia tienen que ser perfectamente conscientes de tal responsabilidad. Previamente han tenido como base los informes recabados por el Gobierno Autonómico de diferentes especialistas, el dictamen del Consejo Consultivo y la ingente labor documental de los letrados de la JGPA. Trascendiendo del ámbito más estrictamente técnico, la referencia del resto de reformas estatutarias es ineludible, y seguramente influirá en la definitiva redacción que lleguen a acordar.
Pero una cosa es la natural incidencia de los procedimientos de reforma estatutaria, y la necesidad de sumarse a la evolución y el –al menos pretendido- perfeccionamiento de nuestro sistema autonómico; y otra bien diferente es reducir nuestro proceso de reforma a un picoteo desigual en los diferentes textos de otras Comunidades Autónomas, a modo de emulación total o parcial de lo aprobado en otros lares, sólo por el hecho de que algo que hay que cambiar para participar en este baile autonómico. Mal harían nuestros representantes si llegan a esta reforma pensando en solventarla como un trámite más, esperando que el trago pase con la forma más insípida y anodina posible, sin analizar qué aspectos de nuestra arquitectura institucional y bagaje competencial merecen ser revisados convenientemente. Existe la sensación, bastante extendida, de que en Asturias se abre la reforma estatutaria más por inercia que por reafirmación de nuestro autogobierno y depuración de los instrumentos que los poderes públicos tienen para actuar sobre la realidad. Ciertamente el debate social no es particularmente intenso al respecto, salvando cuestiones como el estatus de la llingua asturiana, que, siendo un asunto de importancia, ni mucho menos agota el contenido de la reforma estatutaria.
Por ejemplo, poco se ha dicho acerca de qué nuevas competencias se pretenden recoger entre aquéllas que corresponden a nuestra Comunidad Autónoma. Y va siendo hora de que asumamos la gestión integral del agua y ríos asturianos; de que los trenes de cercanías puedan coordinarse plenamente desde Asturias con el resto de la red de transportes; de que participemos en la gestión del aeropuerto de Asturias; de que el tráfico por las vías autonómicas sea nuestra responsabilidad; de que las instituciones penitenciarias sean competencia autonómica (entre otras cosas una gestión cercana ayudaría a mejorar sustancialmente la situación rayana en el hacinamiento que vive el centro penitenciario de Villabona); de que contemos con una policía autonómica cuando menos para ejercer funciones de policía administrativa; o de que tengamos instrumentos administrativos autonómicos con capacidad para actuar en materia de inspección de trabajo. Todo ello sin hablar del margen competencial que nuestro actual Estatuto permite y que no se ha desarrollado plenamente, empezando por la asunción de las competencias en materia de personal de Justicia, lo que posiblemente nos hubiera evitado la pasada y traumática huelga de los funcionarios del sector.
Tampoco se ha hablado mucho de las cosas que podemos cambiar en nuestro modelo institucional. Por ejemplo, convendría suprimir la limitación temporal establecida para la disolución y convocatoria de elecciones a la JGPA, totalmente ajena a los tiempos políticos y realidad de una Comunidad Autónoma que ya tiene suficiente recorrido. Y resultaría oportuno dotar de un mayor protagonismo en todos los órdenes a la propia JGPA. También es el momento de otorgar en el Estatuto un papel mucho más relevante a los Ayuntamientos, a las mancomunidades que éstos conforman y a la propia Federación Asturiana de Concejos, previendo además la necesaria financiación y la futura descentralización competencial a las entidades locales.
En definitiva, al afrontar esta reforma estatutaria, se trata de ajustar nuestra norma de referencia a las necesidades y aspiraciones de incremento del autogobierno y de afinamiento de nuestro marco institucional. Y no porque haya que hacerlo para no perder comba, sino por convicción en que la profundización en el desarrollo autonómico permite mejorar la capacidad de ser más eficientes en la gestión de los recursos públicos, en la atención a los ciudadanos, y en la respuesta democrática a las inquietudes de los asturianos.

Publicado en Fusión Asturias, mayo de 2008.

20.4.08

CON PAZ


A primera vista, teniendo en cuenta los resultados de la primera vuelta, Paz Andrés lo tiene realmente difícil para ser elegida la primera Rectora de la Universidad de Oviedo, en las elecciones que se celebrarán el próximo 23 de abril. Pero ha hecho bien en no tirar la toalla y continuar hasta la segunda vuelta, apurando las posibilidades que tenga. Su paso al frente permitirá a la comunidad universitaria optar por dos propuestas diferenciadas, alimentando el necesario debate sobre los caminos que nuestra Universidad tiene que recorrer. Sólo por eso, por avivar la justa y leal contienda democrática para el Rectorado, cabe saludar su candidatura.
Ojo, lo tiene difícil, pero no imposible, ni mucho menos. Porque la candidata puede recoger el apoyo que obtuvieron Antonio Cueto y Santos González; porque la participación puede ser superior, especialmente en sectores fuertemente abstencionistas como los estudiantes; porque todavía quedan unos días muy importantes de campaña electoral; y, lo que es más importante, porque Paz Andrés es una candidata mucho mejor que Vicente Gotor, y tiene margen para demostrarlo.
Me decanto por apoyar a Paz Andrés, y lo hago público porque, aunque mi opinión de poco puede valer –no tengo derecho a voto en estas elecciones universitarias-, hablo como ciudadano consciente de que la Universidad de Oviedo debe jugar un papel fundamental en el progreso social, económico y cultural de Asturias. Quiero que Paz Andrés sea Rectora porque es una persona capaz de asumir los retos de tal responsabilidad; porque tiene experiencia de gestión universitaria, como Secretaria del Consejo Social, Directora del Departamento de Derecho Público y Vicerrectora de Extensión Universitaria; porque es trabajadora, exigente y rigurosa; porque es una persona fuerte e independiente; porque es una jurista brillante y una referencia académica; porque es una excelente profesora, como podemos atestiguar los nos enorgullecemos de haber sido sus alumnos; porque tiene una profunda convicción en la relevancia de la educación pública y la consideración de la Universidad como servicio público; y, como no, por su trayectoria de compromiso social y progresista, que por fortuna nunca ha escondido, y que ha alcanzado también a su propio trabajo intelectual.
Estas elecciones, por lo tanto, no son en absoluto ajenas a la sociedad asturiana, y por eso despiertan expectación mediática, ya que mucho nos jugamos cuando la orientación de la máxima institución académica está sobre la mesa. No sólo se trata de que la Universidad forme buenos titulados –graduados y postgraduados habrá que decir con el Espacio Europeo de Educación Superior-, sino también de facilitar que la formación universitaria ofrezca oportunidades para la justicia social, el desarrollo territorial y el crecimiento económico. Y creo que cuando hablamos de la proyección social y el papel de la Universidad como actor de progreso en Asturias, Paz Andrés es con mucho más idónea para ser Rectora que Vicente Gotor.
Tampoco hay que olvidar, las cosas son así, que Gotor ya formó parte de un equipo rectoral, el de Julio Rodríguez, que tuvo a la Universidad años sin presupuesto, con un desbarajuste organizativo y de gestión considerable, en permanente tensión con los poderes públicos, con una dinámica interna no precisamente reconfortante, y rodeada de un aire provinciano poco saludable. De acuerdo que éllo no le inhabilita como si tuviese que arrastrar una suerte de condena; pero su parte alícuota de responsabilidad tuvo entonces quien hoy parte como máximo favorito para obtener la confianza de la comunidad universitaria.
Por eso, cuando el miércoles los universitarios vayan a votar, deben saber que no sólo se dilucida, por poner el caso, la política de becas, la estabilidad del profesorado, la política retributiva del personal de administración y servicios, el apoyo a este u otro departamento, o los criterios en materia de infraestructuras de la Universidad. Lo que se cuece en esa casa incide, y mucho, en la realidad asturiana. Así es que, con amplitud de miras, decidan éllos pensando en todos.

Publicado en Oviedo Diario, sábado 19 de abril de 2008.

10.4.08

SERVICIOS PÚBLICOS: LO QUE NOS ESTAMOS JUGANDO


Cuando hablamos de servicios públicos no sólo hablamos de que el Estado facilite, de forma directa o indirecta, determinados bienes o prestaciones a los ciudadanos. Hablamos también de que el acceso a los mismos tenga un carácter universal o por lo menos de amplio alcance, permitiendo a quienes disfrutan de ellos contar con un mínimo de garantías para el desarrollo de su proyecto personal de vida, sin tener que fiar exclusivamente a sus rentas sus propias posibilidades de supervivencia, éxito y, si me apuran, felicidad. La cohesión social –y la paz social, por lo tanto- tienen mucho que ver con la solidaridad institucionalizada y la redistribución de la riqueza organizada por el Estado (en sentido amplio) mediante la transferencia, en especie, de bienes y servicios para que todos cuenten con un soporte mínimo vital.
Claro que es difícil que esta sea la idea que nos pasa por la cabeza cuando pagamos nuestros impuestos, aguantamos al funcionario malencarado de turno o utilizamos un equipamiento público que presenta deficiencias. Y, aunque las cosas funcionen bien (la mayor parte de las veces), no siempre estamos de humor para apreciar que tener una carretera asfaltada, alumbrado público, un colegio en el barrio, una decisión judicial que nos reconozca un derecho o un centro salud al que acudir es el resultado de décadas de esfuerzo, organización productiva, reivindicación social, y en definitiva el fruto del trabajo de muchas otras personas. Además, en algunas otras ocasiones hay quienes tienen la humana tentación de desear un recorte de tales servicios, para aminorar los gastos públicos y reducir la carga fiscal que soportan, si es que éllos pueden permitirse acudir a la oferta privada. Ya se sabe que en los tiempos que corren es el aparentemente más fuerte quien desea librarse de los que (también aparentemente) son más débiles.
Por suerte, hasta la fecha en Asturias se ha desarrollado un modelo propio de servicios públicos a la par que se cubrían fases de nuestro desarrollo autonómico. Hemos utilizado las competencias recibidas para apuntalar los servicios esenciales, principalmente la sanidad y la educación, y para profundizar en otras políticas dirigidas en un mismo sentido, como las de vivienda, los servicios sociales, etc. Es cierto que ello ha sido posible en buena medida gracias a la ventajosa relación financiera con el resto de España, a la solidaridad interterritorial y a los fondos procedentes de la Unión Europea. Pero no es menos cierto que se podrían haber tomado otras decisiones dirigidas a minar o devaluar los servicios públicos con otras intenciones. Algunas Comunidades Autónomas así lo han hecho, convirtiendo, por ejemplo, la red sanitaria y educativa de titularidad pública en un instrumento subsidiario, de ínfima calidad, del que hacen uso principalmente quienes no pueden pagarse una alternativa privada, ante el desinterés de las clases medias. En Asturias, por fortuna, lo colectivo sigue gozando de prestigio, y los servicios públicos son sostenidos y utilizados por las familias de renta media como algo propio que defender, y no como una carga.
Ahora bien, los riesgos no son pocos. A la tendencia disgregadora derivada del neoliberalismo más voraz, que pretende convertir en objeto de mercado todo cuanto pueda ser materia de transacción económica, se suman los propios defectos que a veces parecen inherentes a la cosa pública (sin que debamos conformarnos con tal conclusión). Por ejemplo, cuando no se ajusta y prioriza adecuadamente el gasto público, o cuando directamente se despilfarra, lo que tiembla es la propia estructura del servicio público. Y cuando los propios protagonistas de tales servicios, que son aquellos a quienes se ha encomendado su prestación en la práctica, no muestran suficiente compromiso con aquello que se traen entre manos, lo que están es abriendo la puerta a un peligroso deterioro del propio servicio, de incalculables consecuencias.
Viene esto a cuento de la situación que parece vivirse entre los empleados públicos de determinados sectores en nuestra Comunidad Autónoma, principalmente en casos como el de los servicios sanitarios, en el que valientemente se ha puesto sobre el tapete por parte del Gobierno Autonómico una situación que comienza a ser preocupante sobre el riesgo de la insostenibilidad económica del sistema, haciendo un especial llamamiento a los profesionales sanitarios para mejorar su rendimiento. Nada que objetar frente a las reclamaciones que éstos tengan que realizar en su respectivo ámbito de prestación de servicios o laboral, ya que muchas de éllas serán justas. Pero deben también tener en cuenta que lo está en juego es la viabilidad de un modelo de cohesión social basado en buena medida en los servicios públicos y que, de su entrega, responsabilidad y eficacia dependerá que el día de mañana siga persistiendo dicho servicio público como tal.

Publicado en Fusión Asturias, abril de 2008.

TARDES EN LA GRANJA


Muchas horas de mi última infancia y primera adolescencia las pasé en la biblioteca de La Granja, el nombre por el que se conoce popularmente a la biblioteca que distingue al lingüista e impulsor de las bibliotecas en Oviedo, Lorenzo Rodríguez Castellano. La biblioteca de La Granja fue abierta como tal en 1988, siendo Alcalde Antonio Masip, en un edificio que tiene ya más de un siglo. Es una biblioteca pequeña pero con una tremenda fortuna, y no hablo de su modesto fondo bibliográfico –que también, por pequeño que sea-, sino de su delicioso emplazamiento, en el parque que forma parte de la memoria sentimental de todos los ovetenses.
Quizá la mía haya sido una de las últimas generaciones que hizo los trabajos del colegio pescando en enciclopedias y libros de consulta, privados de las ventajas de bucear en Google porque, sencillamente, aún no existía. Las elementales tareas encomendadas por los profesores de Naturales –un trabajito sobre las ballenas, otro sobre los planetas- bien podían hacerse en aquélla biblioteca, donde aprovechaba para tragarme de golpe algún que otro número de Mortadelo o las aventuras de Astérix. Después, pasados unos cursos, di buena cuenta de algunos libros de aquella biblioteca que, desconozco con qué fondos cuenta ahora, pero que en aquellos años no sólo tenía libros de literatura estrictamente infantil y juvenil, sino que venía a ser una pequeña pizca o émulo a escala de una biblioteca en toda regla. Recuerdo entre otras cosas el descubrimiento de la poesía en La Granja, curiosamente a través de un libro que recogía las obras premiadas en la VI edición del Premio “Angél González” para jóvenes poetas, que por entonces aún convocaba el Ayuntamiento de Oviedo, antes de abandonar las iniciativas culturales juveniles. Aquel certamen lo ganó, con Versos para Ana s/n, Aurelio González Ovies, hoy autor reconocido, y cuya obra he podido seguir posteriormente. El mismo año, Adolfo Camilo Díaz ganó el Premio “Campo de los Patos” de relato corto, de idénticas características al anterior, con La sombra del traductor, escrita seguramente cuando ni por asomo el bueno de Dolfo tendría la visión tragicómica de Asturias que plasmó, años después en País. De aquella muchos aún no habían tenido las decenas de desencantos que luego vendrían y aquél joven lector que yo era ni se podía imaginar que años después le tocaría reclamar en la Casa Consistorial la recuperación de los dos premios cuyos frutos entonces paladeaba. Por cierto, aquél libro que paseé por todos los bancos del Bombé me lo recomendó la bibliotecaria, que debió de comenzar acertadamente a sospechar que, a mi pesar, no tenía la Megadrive o la Master System (la consola de moda entonces), cuando me pasaba con cierta asiduidad por La Granja. Claro está que difícilmente se me hubiera ocurrido echarle un vistazo por mí mismo a aquél pequeño tesoro, por muy aficionado que fuese a la lectura.
Como habrán comprendido, me he permitido traer esta vivencia a colación de la drástica reducción de personal que plantea el Ayuntamiento de Oviedo para la red de bibliotecas municipales, que se suma al cierre de la de Trubia y el escaso presupuesto destinado a todas éllas. Parece que todo lo que suene a cultura popular y servicios públicos tiene en Oviedo la espada de Damocles de las restricciones económicas municipales, siempre curiosamente selectivas. Este recorte que impone el gobierno local, y el consiguiente deterioro del servicio prestado por la red de bibliotecas, es una fase más en el socavón cultural al que estamos condenados los ciudadanos de Oviedo.
Está visto que los lectores molestan. Y debe ser cierto, porque, hoy por hoy, en los tiempos de la inmediatez y el monopolio de la cultura visual, ser asiduo a una biblioteca es un íntimo acto de resistencia en peligro de extinción. El pensamiento en abstracto que arranca la lectura espanta a quién nos ve sólo como productores y consumidores, deseando que nos dejemos guiar por una u otra pantalla sin hacer demasiadas preguntas. La buena noticia es que en Oviedo se acaba de constituir una plataforma ciudadana con el romántico y al mismo tiempo realista objetivo de conseguir que la red de bibliotecas no languidezca. Menos mal que aún quedan rebeldes.


Publicado en Oviedo Diario, sábado 5 de abril de 2008.

27.3.08

ALGUNAS IMPRESIONES DEL 9-M


Posiblemente interpretar los resultados de las pasadas elecciones generales en clave principalmente autonómica o local sea un error de base en el análisis. A la hora de votar el pasado 9 de marzo los asturianos atendieron antes que a nada a las cuestiones que se discutían en el ámbito estatal, en el que la confrontación entre modelos y las diferencias programáticas eran más patentes que en anteriores convocatorias. Los asturianos apostaron por un José Luis Rodríguez Zapatero en estado de gracia, que ha hecho bandera de la defensa de los derechos civiles, la justicia social y la asunción de la pluralidad territorial de España. La incidencia de filias y fobias personales en el escenario autonómico, y cuitas sin trascendencia más allá del Pajares, ha sido menor. Sin embargo, algunas impresiones sí pueden extraerse en lo que atañe a la realidad política autonómica.
La primera de estas impresiones es que la fortaleza del PSOE en Asturias sigue siendo evidente, pese al desgaste ocasionado por ser el partido hegemónico en las instituciones asturianas durante la mayor parte del periodo democrático. Se tiende con cierta frecuencia a minusvalorar a la FSA-PSOE, pero, a la hora de la verdad, con todos los defectos que puedan achacarse a la estructura organizativa de los socialistas asturianos, los resultados dan la justa medida del vigor político de cada uno. En el caso de la FSA-PSOE, además, algunos discursos son perfectamente identificables y coherentes: la defensa de los servicios públicos, la apuesta por el desarrollo industrial pese a ciertos peajes medioambientales o el recelo ante los desequilibrios territoriales que pueda generar la evolución del Estado autonómico. Algunos puntos flacos de la práctica política de la FSA-PSOE, como la posición acentuadamente defensiva en materia de desarrollo autonómico o cierta incomprensión ante determinadas movilizaciones sociales, hasta ahora no han hecho sensible mella.
La segunda conclusión es que el propio Alcalde de Oviedo y cabeza de la lista del PP al Congreso de los Diputados se ha situado imprudentemente en una posición de debilidad al arrogarse un protagonismo que no le correspondía. Los ciudadanos saben perfectamente qué asuntos se deciden en cada elección, y orientan su voto en atención a ello, por eso existen notables diferencias entre los resultados de unos y otros en elecciones municipales, autonómicas y generales. Sin embargo Gabino de Lorenzo, acostumbrado a ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y el difunto en el entierro, planificó su campaña electoral como si el candidato principal fuese él, dispuesto a protagonizar la escena (a todos los niveles), y a tratar de que todo se interpretase en función de su modo de decir y hacer. Entre la ocurrencia teatral y la incoherencia política, incluida su sobrevenida defensa de “los bables” tras 17 años de inactividad municipal en la promoción de la llingua asturiana, se ha puesto él solito en el disparadero. No será Presidente del PP de Asturias, ni candidato a la Presidencia del Gobierno del Principado, y como la edad no perdona, pese a su sólida base electoral en Oviedo más pronto que tarde planificará su retirada de la Alcaldía.
Finalmente, la tercera conclusión es la absoluta irrelevancia del asturianismo político organizado, por así llamarlo. En mi opinión se puede ejercer militancia asturianista, si por asturianismo entendemos la convicción en el autogobierno de Asturias y la confianza en sus propias posibilidades, de muchas formas y en diferentes ámbitos. Los partidos políticos que han tratado de sostenerse principal o exclusivamente sobre este distintivo, desde el regionalismo al nacionalismo, han fracasado uno tras otro en los últimos 30 años, entre escisiones y torpezas varias. Quienes desde otros ámbitos (primero Izquierda Unida y luego ciertos sectores del PP) han hecho guiños asumiendo elementos del discurso de las organizaciones políticas extraparlamentarias han comprobado la ineficacia electoral de esta estrategia. Mientras en otros ámbitos, como el de las organizaciones sociales o el de la creación cultural, el asturianismo sí ha alcanzado un grado de éxito y afecto ciudadano considerable, aportando además aire fresco a una Asturias necesitada de ello, en el plano estrictamente político no se pueda decir que exista un electorado que única o principalmente se defina como asturianista, para empezar porque los partidos políticos que han capitalizado esta etiqueta han caído habitualmente en un victimismo infundado dirigido a alimentar una dinámica de desconfianza que casi nadie comparte: Asturias es una comunidad netamente privilegiada por España, desde las balanzas fiscales al gasto por habitante, y lo seguirá siendo mientras exista un cierto concepto de solidaridad territorial. Otro debate, claro está, es si los asturianos hemos sido capaces de aprovechar suficientemente las ventajas ofrecidas, y si en nuestros fracasos no tendrán responsabilidad, en buena medida, nuestras limitaciones para ser conscientes de la relevancia de nuestro autogobierno y nuestra capacidad para tomar decisiones por nosotros mismos.

Versión en castellano. Publicado en Les Noticies, 15 de marzo de 2008.

DELLES IMPRESIONES DEL 9-M

Posiblemente interpretar los resultaos de les elecciones xenerales pasaes en clave principalmente autonómica o local sía una enquivocación de base nel análisis. A la hora de votar el 9 de marzu pasáu los asturianos atendieron primero de nada a les cuestiones que se discutíen nel ámbitu estatal, nel que la confrontación ente modelos y les diferencies programátiques yeren más patentes qu’en convocatories anteriores. Los asturianos apostaron por un José Luis Rodríguez Zapatero n’estáu de gracia, que fixo bandera de los derechos civiles, la xusticia social y l’asunción de la pluralidá territorial d’España. La incidencia de filies y fobies personales nel escenariu autonómicu, y cueites sin trescendencia más allá del Payares, foi menor. Con too y con eso, delles impresiones sí pueden sacase no tocante a la realidá política autonómica.
La primera d’estes impresiones ye que la fortaleza del PSOE n’Asturies sigue siendo evidente, a pesar del desgaste provocáu por ser el partíu hexemónicu nes instituciones asturianes la mayor parte del periodu democráticu. Davezu tiéndese a minusvalorar a la FSA-PSOE pero, a la hora de la verdá, con tolos defectos que puedan achacáse-y a la estructura orgánica de los socialistes asturianos, los resultaos dan la midida xusta del vigor políticu de caún. Nel casu de la FSA-PSOE, amás, dellos discursos son perfectamente identificables y coherentes: la defensa de los servicios públicos, l’apueste pol desarrollu industrial a pesar de ciertos peaxes medioambientales o la rocea énte los desequilibrios territoriales que pueda xenerar la evolución del Estáu autonómicu. Dellos puntos flacos de la práctica política de la FSA-PSOE, como la posición marcadamente defensiva en materia de desarrollu autonómicu o cierta incompresión énte determinaes movilizaciones sociales, hasta agora nun dexaron nella nenguna marca visible.
La segunda conclusión ye que’l propiu Alcalde d’Uviéu y cabeza de llista del PP al Congresu de los Diputaos asitió imprudentemente nuna posición de debilidá al arramplar con un protagonismu que nun-y correspondía. Los ciudadanos saben perfectamente qué asuntos se deciden en cada elección, y orienten el so votu n’atención a ello, polo qu’existen bien de diferencies ente los resultaos d’unos y otros nes elecciones nos conceyos, autonómiques y xenerales. Sicasí, Gabino de Lorenzo, avezáu a ser el neñu nel bautizu, la novia na boda y el difuntu nel entierru, planificó la so campaña electoral como si’l candidatu principal fora él, dispuestu a protagonizar la escena (a tolos niveles), y a facer porque too s’interpretare en función de la so manera de dicir y facer. Ente la ocurrencia teatral y la incoherencia política, incluyida la so sobrevenida defensa de «los bables» depués de 17 años d’inactividá nel conceyu na promoción de la llingua asturiana, púnxose él solu nel disparaderu. Nun va ser el Presidente del PP d’Asturies, nin candidatu a la Presidencia del Gobiernu del Principáu, y, como la edá nun perdona, a pesar de la so sólida base electoral n’Uviéu, más temprano que tarde ha planificar la so retirada de l’Alcaldía.
P’acabar, la tercer conclusión ye l’absoluta irrelevancia del asturianismu políticu organizáu, por llamalu asina. Na mio opinión, puede exercese militancia asturianista, si por asturianismu entendemos la convicción nel autogobiernu d’Asturies y l’enfotu nes sos propies posibilidaes, de munches maneres y n’ámbitos estremaos. Los partíos políticos que quixeron sostenese principal o exclusivamente sobre esti distintivu, dende’l rexonalismu al nacionalismu, fracasaron ún depués d’otru nos últimos trenta años, ente escisiones y torpeces varies. Quien dende otros ámbitos (primero Izquierda Xunida y depués dellos sectores del PP) fixeron guiños asumiendo elementos del discursu de les organizaciones polítiques extraparlamentaries comprobaron la ineficacia electoral d’esta estratexa. Mentes n’otros ámbitos, como’l de les organizaciones sociales o el de la creación cultural, l’asturianismu sí algamó un grau d’éxitu y afectu ciudadanu considerable, apurriendo amás aire fresco a una Asturies necesitao d’ello, nel planu estrictamente políticu nun se puede dicir qu’exista un electoráu qu’única o principalmente se defina como asturianista, de mano porque los partíos políticos que capitalizaron esta etiqueta cayeron davezu nun victimismu infundáu dirixíu a alimentar una dinámica de desconfianza que cuasi naide comparte: Asturires ye una comunidá privilexada a les clares por España, dende les balances fiscales al gastu por habitante, y va siguir siéndolo mentes exista ciertu conceptu de solidaridá territorial.
Otru debate, ta claro, ye si los asturianos fuimos quien a aprovechar les ventayes apurríes, y si nos nuestros fracasos nun tendrán responsabilidá, en bona midida, les nuestres limitaciones pa ser conscientes de la relevancia del nuestru autogobiernu y la nuestra capacidá pa tomar decisiones por nosotros mesmos.




Versión en llingua asturiana. Publicado en Les Noticies, 15 de marzo de 2008.


17.3.08

SE PASÓ DE LISTO


Las elecciones generales del pasado 9 de marzo han deparado una inusual imagen, la de Gabino de Lorenzo derrotado y presentando la dimisión a marchas forzadas. Como lleva desde las municipales de 1987 –que perdió frente a Antonio Masip- sin sufrir una derrota electoral en carne propia, ciertamente una generación entera le hemos visto ganar una vez tras otra, y crecerse con el marchamo de invicto. Quizá esa soberbia y egolatría, alimentada por un PP local en el que nadie le tose y una ciudad que hasta ahora le ha reído o tolerado las gracias, haya sido una de las causas de su pésimo resultado el pasado domingo. Su campaña fue un sainete permanente, pero ni siquiera resultó especialmente ingenioso, y además demostró una falta de respeto por normas democráticas básicas y pautas de buena educación. Cuando uno no contesta entrevistas más que mediante cuestionario prefijado, no se somete a las preguntas de los periodistas en rueda de prensa, no accede a debatir públicamente con el adversario, apenas se mezcla con el electorado al que aspira a representar, se burla e insulta a sus propios compañeros de partido, y establece su rancho particular como sede de operaciones, en vez de un candidato propio de unas elecciones en un país democrático del siglo XXI, se asemeja más a un cacique provinciano y megalómano de la España atávica ya superada.
La guinda la hubiera puesto su “mitin-espectáculo” con Arturo Fernández, suspendido por las trágicas circunstancias del final de la campaña electoral. Pero si hubiese tenido lugar, mi compañero de columna Hugo Morán, número 5 de la lista del PSOE al Congreso de los Diputados, hoy tendría su acta. Porque las cosas serias, y postularse para representar a la ciudadanía es de las que más, hay que hacerlas con un mínimo de serenidad, solidez intelectual, rigor y sindéresis, valores y cualidades de las que Gabino de Lorenzo últimamente anda escaso. Y, aunque la gente quiere que sus representantes sean llanos y tengan sentido del humor, la línea que separa la jovialidad y la originalidad de la payasada es bastante nítida, y ya saben en qué lado se ha situado el Alcalde de Oviedo.
Ahora bien, no conviene olvidar que el Alcalde de Oviedo nuevamente se ha llevado de calle al electorado local. Claro que el PSOE ha tenido un número de sufragios muy importante, y que a la hora de votar han pesado antes que nada las cuestiones de carácter estatal, ya que los debates locales o autonómicos son tangenciales cuando de las elecciones generales se trata. Pero dos conclusiones sí pueden extraerse en el ámbito local tras el 9 de marzo. Por un lado, es indudable que Gabino de Lorenzo tiene un apoyo extraordinariamente sólido en el electorado ovetense, lo que sin lugar a dudas ha influido en que el PP haya ganado en Oviedo por diez puntos de diferencia, en un contexto de descenso de apoyos en toda Asturias. Por otro lado, el PSOE una vez más puede esperanzarse con datos que evidencian que es capaz de crecer 20.000 o 25.000 votos en unas elecciones locales si consigue que quien ha votado a los socialistas en las elecciones generales pueda también hacerlo cuando lo que se juega es la Alcaldía.
La novedad es que, en este escenario, la oposición en el Ayuntamiento de Oviedo, en términos tenísticos, resta para romper el servicio del PP. Y empieza a tener algunas cosas de cara: poco más que variaciones sobre el mismo tema puede ofrecer el Alcalde a la ciudadanía, porque su modelo no da para más; la gestión de la expropiación de Villa Magdalena ha dejado una pesada carga en las arcas municipales, que puede ser una verdadera vía de agua si el Juzgado de lo Contencioso Administrativo obliga al Ayuntamiento a proseguir el procedimiento de retasación de la finca; Gabino de Lorenzo está más de vuelta que de ida, y no tiene entre sus filas un sucesor que ofrezca garantías; y algunos ovetenses que hasta ahora le bailaban el agua empiezan a preguntarse si este señor no lleva demasiado tiempo haciendo, como se dice en Pravia, lo que le da por la gana.

Publicado en Oviedo Diario, 15 de marzo de 2008.

6.3.08

NUEVOS ASTURIANOS, CON O SIN CONTRATO


Uno de los debates de la campaña electoral, introducido principalmente por el PP, ha sido la política de inmigración. Es cierto que el fenómeno inmigratorio ha resultado particularmente intenso en los últimos años, y que en un periodo de tiempo relativamente breve la composición social ha crecido en diversidad racial, nacional, lingüística, religiosa, etc. Evidentemente, la realidad de la inmigración ya incide en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana e introduce cambios importantes en algunos esquemas sociales. De eso hay que hablar, claro que se debe hablar.
Ahora bien, mucho depende del enfoque de partida y los objetivos que manejen quienes plantean que se debata sobre la política de inmigración en España. Una cosa es analizar sosegadamente si los conceptos de nación y de ciudadanía deben revisarse a la luz de la intensidad de los flujos migratorios; si los derechos políticos más elementales (votar y ser votado) deben seguir vinculándose sólo a la nacionalidad; si existe un umbral de acogida y cuáles son las consecuencias de las restricciones a los movimientos transnacionales de las personas; etc. Otra bien diferente es tratar de antemano de establecer diferenciaciones entre “ellos” y “nosotros”, como si no existiesen interdependencias o nativos y extranjeros formasen comunidades diferenciadas y homogéneas, algo fuera de toda realidad y con una pretensión discriminatoria muy peligrosa; o cuestionar a priori la voluntad de convivencia del inmigrante, alimentando la semilla de la desconfianza. Detrás de la enunciación de estos planteamientos viene la pretensión de ofrecer medidas que, con mayor o menor agresividad, traten de preservar los derechos de los nativos frente a los de los extranjeros, presuponiendo la existencia de colisión o de riesgo para los primeros, iniciando una dinámica de defensa frente al otro de la que se nutre todo planteamiento xenófobo.
En este sentido, la propuesta de Mariano Rajoy de obligar a los inmigrantes extranjeros a comprometerse con un contrato de integración tiene precisamente el marchamo del segregacionismo más puro, y, aunque es cierto que otros líderes derechistas europeos la manejan, no deja de ser una tímida emulación de las leyes que en décadas pasadas establecieron un régimen diferente de trato por razón del origen racial o nacional, mucho más allá de la regulación de las situaciones administrativas de los extranjeros en el territorio. Un par de puntualizaciones merece dicha propuesta. Para empezar, huelga decir que toda persona tiene en España que observar las leyes y que el incumplimiento de las mismas debe llevar aparejada la correspondiente consecuencia jurídica; nadie ha planteado otra cosa diferente y no sucede lo contrario en la práctica. Para seguir, el estándar común de conductas exigibles viene delimitado precisamente por lo que marcan las leyes, que además son imperativas, por lo que no es necesario la exigencia de un plus de voluntad de integración, llamémoslo así, que el cumplimiento de tales obligaciones. Para finalizar, a ningún ciudadano español se le exige, so pena de recibir una sanción, unas pautas de conducta moral concretas más allá del respeto a esa legalidad básica, sin perjuicio de que se anime la participación activa e identificación con los valores inspiradores del ordenamiento jurídico; por el contrario, se plantea exigir al inmigrante extranjero que pase un examen cotidiano –al que nadie más se somete- para acreditar que cumple unos requisitos de vago contenido y máxima abstracción, vinculados a una idea de la españolidad que, cuando menos, debería ser objeto de debate. Obligaciones que se incluyen en un contrato, pero que, contrariamente a la noción elemental de todo contrato, tiene unas cláusulas que el inmigrante extranjero no puede negociar, ya que tiene que acatar leyes en cuya formación no puede participar; no puede rechazar y no son fruto de la autonomía de la voluntad, porque el contrato se le impone si desea seguir residiendo en España, aunque cumpla las condiciones fijadas legalmente; y no establece contrapartidas recíprocas, puesto que no hay ningún derecho adicional que se devengue por el cumplimiento del contrato. Llamar a esto contrato es un sarcasmo impropio de un registrador de la propiedad como Rajoy.
En Asturias viven no menos de 30.000 inmigrantes extranjeros. Trabajan con asturianos, para asturianos y también algunos son ya empleadores de asturianos. Estudian con asturianos. Comparten los servicios públicos y prestaciones –por los que pagan impuestos y cotizaciones- con asturianos. Simple y llanamente, porque son nuevos asturianos. La principal diferencia es que en estas elecciones se decide sin éllos, aunque se hable de éllos. Y, si se sale con la suya el PP, se decidirá contra éllos.

Publicado en Fusión Asturias, marzo de 2008.